lunes, 8 de octubre de 2012

Monumento al Descamisado


¿Qué tan fuerte puede ser la voluntad de una persona? ¿Puede llegar a construir mitos o mausoleos más grandes que la estatua de la libertad? Puede, claro que sí. Eva Duarte de Perón (“Evita”) fue y es motivo de discusiones y pasiones más grandes de lo que muchos imaginarían. Su muerte en el año 1951 fue el puntapié inicial de la caída del gobierno de Perón y el inicio de uno de los proyectos más grandes que conoció nuestra ciudad: “El monumento al descamisado


La obra se construiría con el objetivo de venerar a la figura de Evita y eternizar su unión con la clase trabajadora argentina. El plan era complejo pero realizable, solo necesitaba un elemento: continuidad política. En el año 1955 el entonces presidente Juan Domingo Perón fue depuesto por un golpe cívico-militar encabezado por el general Pedro E. Aramburu. El nuevo gobierno puso especial énfasis en destruir toda imagen y recuerdo de la década gobernada por el peronismo y volvió añicos el sueño de construir el monumento.

Sin embargo quisiera detenerme un momento. Pensar qué hubiera pasado si el proyecto seguía su curso, qué es lo que veríamos hoy en Figueroa Alcorta y Tagle, lugar donde alguna vez estuvo emplazada la cancha de River y hoy se encuentra la Floralis Genérica.

A mediados de 1951, Eva Perón, débil y acosada por un cáncer que la haría dejar vida terrenal, abrazó la idea de descansar en una obra dedicada a honrar la figura del trabajador argentino. Ya lo diría dicho en su último discurso público: “Que haya una sola clase de hombres, los que trabajan”. Sus deseos se volvieron órdenes, una vez más, y miembros del gobierno y su círculo íntimo se movilizaron para tornarlos realidad. León Tommasi, escultor favorito de la ex primera dama, fue designado para idear un proyecto acorde a lo pretendido. En diciembre del mismo año el escultor visitó la residencia presidencial, actual Biblioteca Nacional, para enseñarle la maqueta del proyecto a Evita. “Es genial porque es grande y sencillo”, dicen que dijo.

(Leon Tomassi, autor de la obra trabajando en la maqueta)

Tras ocho días de discursos y unas semanas antes de su fallecimiento, el 4 de julio de 1952 fue sancionada la ley 14.124 que preveía la construcción del monumento en la Plaza de Mayo (aunque lo monumental de la obra después impidiera ejecutarla allí) y el emplazamiento de “réplicas del monumento en la capital de cada provincia y de cada territorio nacional”. Dos años después de la muerte de Evita, fueron expuestos en la casa rosada las maquetas del proyecto.

El gigantesco monumento/mausoleo, influenciado por la tumba de Napoleón que obliga a los visitantes a inclinarse para verla, sería una obra de 137 metros de altura (45 metros por encima de la Estatua de la Libertad de Nueva York y tres veces más grande que el Cristo Redentor de Río de Janeiro) con 100 metros de diámetro ( superior al estadio Luna Park), 16 esculturas (que conmemorarían distintos elementos del peronismo como la independencia económica, la soberanía política, el trabajador, la razón de mi vida, el justicialismo y los derechos del trabajador, entre otros) un sarcófago de 400 kilos de plata y bronce (donde descansarían los restos de Evita), y la imponente figura del “descamisado” de 45 metros de altura y 43 mil toneladas de peso.


Parece increíble que algo así haya sido concebido. Dejando de lado la política partidaria, nos hemos perdido de una obra monumental que no existe en ninguna parte del mundo y que sería centro de atención turística para siempre (tal y como es la tumba de Napoleón hoy en Francia). Solo queda de ella los restos que no fueron destruidos por el gobierno militar y los cimientos que descansan bajo tierra a metros de la facultad de abogacía de la Universidad de Buenos Aires.


1: Facultad de Abogacía (U.B.A.)
2: Monumento a Mitre
3: Residencia presidencial/ Biblioteca nacional
4: Central de del Automóvil ClubArgentino
5: Floralis Genérica
6: Estudios de la televisión pública (canal 7, ex A.T.C.)

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